A finales del s. XVIII, la Revolución Industrial empezaba a coger velocidad en el Reino Unido, tendencia que se avivaría notablemente en las primeras décadas del s. XIX. En consonancia con estos avances históricos en los campos de la técnica y los medios de producción, se extendió la preocupación por la destrucción de millones de empleos. De hecho, incluso se originó un movimiento violento, el ludismo, que clamaba por la destrucción de las máquinas. En 2017, muchos se plantean prácticamente la misma duda: ¿están amenazados los actuales puestos de trabajo por el desarrollo de la Inteligencia Artificial?

La pregunta es, desde luego, pertinente, pero quizá no esté bien planteada. Es posible, por no decir que es totalmente seguro, que muchos de los empleos actuales no sobrevivan al desarrollo de esta tecnología. Hablamos, principalmente, de los puestos de trabajo que requieren una menor cualificación profesional y que suelen ocuparse de procesos que generan un bajo valor agregado dentro de las cadenas de producción. Serían, esencialmente, tareas más o menos simples o que no requieren de grandes conocimientos previos por parte del trabajador. También entrarían en este grupo aquellas ocupaciones relacionadas con el procesamiento de datos. No así con su tratamiento.

Pero, ¿significa esto que el futuro del trabajo pasa por las máquinas y que se avecina una destrucción de empleo nunca antes vista? No, puedes respirar con alivio. La sustitución anteriormente comentada no podrá dar el salto a la toma de decisiones especializadas. Por ejemplo, un procesador potente puede analizar millones de datos en muy poco tiempo, establecer patrones y emitir respuestas en consecuencia. Ahora bien, ¿puede inferir respuestas emocionales o que estén claramente relacionadas con la naturaleza humana que es, por definición, imprevisible? No. El asesoramiento en cualquier ámbito, los servicios personalizados, la dirección de procesos y la asistencia personal, no serán fácilmente sustituibles por la AI.

En resumidas cuentas, la AI dejará sin sentido a un buen puñado de empleos que actualmente ocupan a muchas personas en todo el mundo. Dicho esto, también será la responsable de la creación de nuevos puestos de trabajo, algunos de los cuales ni siquiera podemos llegar a imaginar a día de hoy. Esto ha sucedido en otras ocasiones y el resultado de esta nueva revolución podría ser una notable mejora de la calidad de vida de las personas. Los trabajos se especializarán (y requerirán una mayor cualificación, dicho sea de paso) y se encargarán de tareas menos exigentes en términos físicos u horarios. No es mal panorama.