Posiblemente, es algo de lo que has leído en alguna ocasión, sobre lo que has oído hablar o, incluso, que tú mismo has mencionado sin saber muy bien a qué te estabas refiriendo. El Blockchain o cadena de bloques lleva con nosotros bastante tiempo (casi tanto como el Bitcoin) pero no hace tanto que ha adquirido una gran notoriedad, al margen de su responsabilidad en la gestión de criptomonedas. Conscientes de la complejidad de esta tecnología, hoy trataremos de explicar en qué consiste exactamente el Blockchain.

Tomando como referencia su papel en las transacciones con Bitcoin, la cadena de bloques actúa como una secuencia o un historial de operaciones, de tal manera que un conjunto de estas conforma un bloque separado del resto. La clave de este proceso es que la cadena no puede romperse por ningún lado, puesto que en tal caso resultaría ininteligible. El propietario tiene un código personal que puede utilizar para completar operaciones de diferente tipo. Eso sí, en el caso del Bitcoin, por ejemplo, olvidar o extraviar la contraseña implica no poder hacer uso del dinero almacenado con la cadena de bloques.

De todo lo anterior no es difícil deducir que la seguridad del Blockchain es su mejor baza. No obstante, sus implicaciones son mucho mayores. Algún analista ha hablado incluso de “Internet del valor” para definir el nuevo escenario virtual que se crea gracias a las cadenas de bloques. Con esta tecnología, los usuarios pueden intercambiar dinero (basta con conocer el código de otra persona para cursar una transferencia con la criptomoneda en cuestión como divisa). Algunos, más optimistas si cabe, se atreven a augurar un progresivo declive de la banca tradicional por este motivo.

Ligado a lo anterior, el Blockchain puede servir como protocolo de verificación de datos o como un preciso sistema de comprobación de la autenticidad en línea. Solo disponiendo de los códigos de la otra parte podrán completarse los intercambios (no necesariamente económicos, por otro lado). Dicho de otra manera, el funcionamiento de la cadena de bloques se asemejaría al de una red P2P, en el que la información se valida en ambos extremos (sin que nadie pueda interceptarla).

Y puestos a crear metáforas al respecto, se ha hablado de que la cadena de bloques sigue la misma lógica que la del ADN. Al igual que en el ADN podemos encontrar toda la secuencia genética que ha llegado hasta nosotros desde el inicio de los tiempos, el Blockchain es también un inmenso registro de todos nuestros movimientos. Por supuesto, puede mediar un proceso de evolución (en la cadena de bloques se conoce como “minería”) para pulir tan inmensa base de datos.