Las distancias entre seres humanos nunca habían sido tan relativas como en la actualidad. El espectacular desarrollo de las tecnologías de la información en los últimos años se ha traducido en la articulación de complejas redes de comunicación a nivel global. Dado que la inmediatez se ha adueñado de estas relaciones, el siguiente paso no puede ser otro que conseguir una experiencia todavía más cercana. Entre usuarios y entre estos y las máquinas. Es aquí donde la realidad extendida está llamada a jugar un papel muy destacado, como apuntan los últimos avances en esta dirección.

La realidad extendida (resultante de combinar las posibilidades de la realidad aumentada y la virtual) puede permitirnos mantener una conversación con otra persona como si esta se encontrar frente a nosotros (aunque, realmente, esté a miles de kilómetros). La tecnología se convertiría así en un puente perfecto entre dos puntos muy alejados entre sí. Por supuesto, para que estas comunicaciones sean efectivas, la conexión debe garantizar la correcta (y casi automática) transmisión de los datos. Este es el aspecto en el que más están trabajando los ingenieros y en el que se esperan más novedades en los próximos años.

Al margen de las interacciones en el ámbito privado o familiar, las empresas esperan aprovechar también esta incipiente tecnología. No en vano, el ahorro que puede derivarse de la mejora de las comunicaciones a larga distancia es difícil de cuantificar pero, en cualquier caso, no se antoja pequeño. Hasta ahora, las reuniones de negocios presenciales eran casi ineludibles en las negociaciones más importantes. Con el perfeccionamiento de la realidad aumentada, las ventajas de acudir físicamente al encuentro comercial ya no resultan tan evidentes. Y no hablamos solo de contactos entre profesionales del sector.

Por citar solo algunos ejemplos, la industria automovilística se ha mostrado especialmente interesada en aprovechar las ventajas de la realidad extendida para captar más clientes. Algunas marcas (caso de BMW) ofrecen experiencias de realidad virtual para descubrir las bondades de sus modelos, contando con la asistencia de un profesional que va resolviendo las dudas del espectador. Y en el sector aeroespacial, algunas plantas han empezado a introducir lentes inteligentes para que los trabajadores dispongan de más información en las tareas de ensamblaje. Se trata, todavía, de tendencias iniciales, pero resultan muy reveladoras de la buena predisposición de las empresas.

La conclusión de estos últimos avances es clara. La realidad extendida ha dejado de formar parte del ámbito de la ciencia-ficción para convertirse en una tecnología aún embrionaria pero con un inmenso potencial por desarrollar. Sin duda, la aceleración de las innovaciones en este campo dependerá, en buena medida, del interés que sigan mostrando las grandes compañías. Como último ejemplo de lo que ya está ofreciendo la realidad extendida en los negocios, basta señalar que algunas empresas han empezado a servirse de ella para llevar a cabo sus actividades formativas. Cursos y seminarios a distancia pero en un entorno de gran cercanía. Un avance en muchos sentidos.

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