La perspectiva de que una legión de zombies se adueñen de las calles ha sido el argumento central de muchas películas o series de ciencia-ficción. Curiosamente, en ninguna de estas producciones se fantaseaba con la posibilidad de que los zombies hubieran adquirido ese estado de manera voluntaria. Quizá parezca que estamos exagerando pero basta con echar un vistazo a nuestro alrededor (y a nosotros mismos) para comprobar cómo la dependencia de las nuevas tecnologías está modificando sustancialmente nuestros hábitos. Esta adicción ha sido generosamente estudiada por los especialistas y, por fortuna, disponemos de recomendaciones para combatirla.

El primer paso que debe dar todo afectado por esta adicción es el de reconocer que, efectivamente, tiene un problema con las nuevas tecnologías. Parece una obviedad pero los expertos coinciden en que la mayoría de los afectados no son conscientes de la gravedad de su situación. El hecho de que se trate de una adicción todavía joven y que las nuevas tecnologías (pensemos en los smartphones, por ejemplo) gocen de un alto grado de respaldo social contribuyen a que el problema se relativice. Al fin y al cabo, no podemos estar todos enfermos, ¿verdad?

En términos de salud mental, el proceso que nos lleva a estar “enganchados” al teléfono móvil es fácilmente explicable. El acceso a información social es una fuente de satisfacción para cualquier persona. Las nuevas tecnologías han permitido que esta posibilidad esté, literalmente, en la palma de la mano. Consecuentemente, la facilidad de acceso propicia que estas pequeñas satisfacciones se hagan habituales, aun cuando no existan motivos objetivamente importantes para consultar el teléfono. Visualizar la bandeja de entrada del correo electrónico cientos de veces o enviar (y recibir) mensajes intrascendentes son algunos de los hábitos más extendidos.

Poner fin a esta situación obliga muchas veces a seguir auténticas terapias de choque. Primero, conviene calibrar cuál es el grado de adicción. Por ejemplo, una persona que accede a su teléfono (sin motivos objetivamente justificados) un par de veces por hora, puede tener un problema leve de adicción. Las posibles soluciones para los casos más graves pasan por impedir la llegada de nueva información. Apagar el teléfono móvil, activar el modo avión o dejar el dispositivo fuera del alcance de la mano son posibles soluciones. También suele dar buenos resultados contar con “colaboradores” en nuestro proceso de desintoxicación digital.

Aunque las adicciones más profundas requieren de la asistencia de especialistas, la mayoría de trastornos pueden calificarse como leves. Estableciendo horarios para la consulta del móvil, controlando los impulsos y ocupando nuestra mente en otros menesteres, podrá rebajarse el grado de dependencia de las nuevas tecnologías. Ahora bien, el riesgo de reincidencia es muy alto, así que conviene mantener estas nuevas pautas de manera indefinida.