Sin pretensión de emular el conocido debate sobre qué fue antes, el huevo o la gallina, un vistazo a la actualidad del sector automovilístico nos plantea una duda bastante similar: ¿qué conduciremos primero, el coche autónomo o el coche volador? Aparentemente, ambos vehículos estarían todavía muy lejos de ser una realidad pero lo cierto es que los avances en ambos sentidos nos obligan a contemplar plazos relativamente breves. Las cuantiosas inversiones realizadas, la voluntad de las grandes marcas de romper el mercado con modelos revolucionarios y la permanente presión de los conductores así lo exigen.

Quienes piensan que los coches autónomos podrían llegar antes al mercado de manera generalizada acostumbran a referirse al caso de Google. La multinacional norteamericana lleva varios años desarrollando un prototipo de coche autónomo que actualmente se encontraría en fase de pruebas. Los resultados obtenidos hasta la fecha invitan, ciertamente, al optimismo, lo mismo que los programas simultáneos de marcas como Tesla o Toyota. Incluso Uber, la empresa de alquiler de coches con conductor, está desarrollando su propio programa para lanzar un coche autónomo en el futuro. Las principales barreras por resolver serían la detección de obstáculos o la atención a circunstancias extraordinarias en las vías.

Por el contrario, los entusiastas de los coches voladores quizá deban hacer un mayor uso de su imaginación para verse a sí mismos cómodamente sentados en un vehículo que surque los cielos. A mediados del s. XX se lanzaron varios proyectos moderadamente ambiciosos que no fructificaron pero allanaron el camino para seguir pensando en las mejores soluciones técnicas. En los últimos años, la empresa Terrafugia ha redoblado sus esfuerzos para construir un prototipo viable de coche volador y se ha fijado como meta realizar un test en toda regla en 2018. Para sacar un coche al mercado general, habría que esperar hasta 2023.

Comparadas ambas realidades, salta a la vista que los coches autónomos parecen contar con cierta ventaja en esta particular competición. De hecho, algunas de las funciones que se incorporarían a los vehículos que circulen sin acción alguna por parte de sus ocupantes serían el desplazamiento del coche sin personas dentro o las comunicaciones entre automóviles. El Tesla Model S fue el primer coche comercial que ofreció a sus conductores la opción de activar el ‘piloto automático’. Con las disfunciones que se quiera, se trató de un paso adelante en toda regla. Por ello, los coches autónomos llegarán primero a tu garaje.